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Rehabilitación y Cuidado Integral de Pacientes con Ictus

Valoración integral de la persona con ictus.

El ictus es una urgencia médica. Debe ser atendido por personal médico cualificado, conocedor de este tipo de enfermedad.

 

El hospital, por su dotación de personal y recursos materiales diagnósticos y terapéuticos, es la única institución sanitaria adecuadamente preparada para atender un Ictus en fase aguda. Por ello resulta inoperante e incluso perjudicial, para la situación funcional del paciente, demorar en pasos intermedios su evacuación al hospital.

 

Con cada paciente será necesaria una evaluación individualizada de su situación y una adaptación de la terapia según sus déficits específicos.

 

En la actualidad se dispone de tratamientos, que aplicados muy precozmente en algunos tipos de ictus, son capaces de revertir sin secuelas todos sus síntomas.

 

El equipo multidisciplinar está compuesto por médico rehabilitador, geriatra, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, logopedas, trabajadores sociales, personal de enfermería y auxiliares de enfermería.

 

El paciente a la llegada al hospital, normalmente en el servicio de urgencias, el médico que le atienda confirmará el diagnóstico de Ictus. Para ello realizará una historia clínica completa, donde se recogerán del propio paciente o de sus familiares, sus antecedentes personales y familiares, sus factores de riesgo, los detalles del inicio y la progresión de los síntomas y el tiempo transcurrido hasta su llegada al hospital. Por supuesto, llevará a cabo una exploración física general y neurológica.

 

El ingreso hospitalario de un paciente que acaba de presentar un ictus debe perseguir los siguientes objetivos:

  • Aplicar el tratamiento más idóneo para cada caso, que permita estabilizar la situación general y neurológica del paciente y reducir al mínimo posible las secuelas funcionales futuras.
  • Asegurar la alimentación por vía enteral o parenteral en aquellos casos en que la deglución se vea afectada como consecuencia del Ictus.
  • Llegar a un diagnóstico preciso y en un plazo razonable, que especifique el tipo de Ictus y el territorio vascular implicado.
  • Prevenir y tratar convenientemente cuando se presenten las complicaciones que pueden sobrevenir en la fase aguda del ictus.
  • Iniciar precozmente el programa de rehabilitación y readaptación a la nueva situación personal.
  • Iniciar las pautas de modificación de los factores de riesgo previos para prevenir recurrencias futuras.

El Ictus se caracteriza por un déficit neurológico ocasionado por la disminución del aporte sanguíneo cerebral de forma anormalmente brusca. Con la presencia de:

  • Trastornos motores. Debilitamiento (hemiparesia) o paralización (hemiplejia) del hemicuerpo contralateral a la lesión. Alteraciones del tono muscular (espasticidad/flacidez). Problemas motores como la pérdida de simetría, presencia de movimientos anormales y en bloque, pérdida de las reacciones automáticas y de la coordinación entre ambas manos y otras deficiencias motrices secundarias (subluxación de hombro, contracturas, edemas,…)
  • Trastornos de la percepción. Como son la heminegligenia que es la dificultad para responder a un estímulo que está presente en el lado opuesto a la lesión cerebral. Agnosia que es una alteración de la percepción consistente en la imposiblidad de reconocer objetos o personas. Apraxias que es la pérdida en la capacidad de ejecución de habilidades motoras. Déficits visuales, problemas con el esquema corporal, etc.
  • Trastornos sensitivos como la alteración de la sensibilidad superficial y profunda.
  • Trastornos de la comunicación: afasias que son trastornos del lenguaje que afectan a la expresión y la comprensión del mismo, disartrias que son errores en la articulación de las palabras.
  • Trastornos emocionales, psicológicos y de la conducta: ansiedad, sentimientos de frustración, cambios bruscos del estado de ánimo, depresión, etc.
 

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