PROYECTO INCENTIVADO POR LA CONSEJERÍA DE INNOVACIÓN, CIENCIA Y EMPRESA
La función, los objetivos funcionales y el trabajo en equipo. Una visión global de la rehabilitación del ictus.
Para la mayoría de los pacientes que han sufrido un Ictus y han sobrevivido a él, la rehabilitación es una de las partes más importantes de su tratamiento. Suele iniciarse ya en fases muy precoces, en los primeros días de estancia en el hospital, tan pronto como la situación médica del enfermo lo permita. La rehabilitación se recomienda a cualquier paciente que, habiendo sufrido un Ictus, tuviera una vida previa autosuficiente. Por el contrario, se excluyen de estos programas por el escaso beneficio que les supone, a aquellos pacientes en coma o estado vegetativo, o con secuelas tan graves que impiden una mínima colaboración en las técnicas de rehabilitación. En estos casos, se recomienda la inmovilización pasiva de las extremidades afectadas y los cambios posturales frecuentes, para prevenir las contracturas y las ulceraciones por presión prolongada sobre las zonas de apoyo.
Para evitar posibles frustraciones futuras, es importante entender que ningún programa de rehabilitación puede conseguir volver a una situación “exactamente igual” a la previa a sufrir el Ictus. El objetivo fundamental del programa de rehabilitación es ayudar al paciente a adaptarse a su déficit, no a librarse de ellos, ya que (en la mayoría de los casos) la lesión neurológica se recupera, en todo o en parte, espontáneamente en un periodo variable de tiempo o no se recupera nunca: todo depende de la gravedad del Ictus.
Un programa de rehabilitación adecuado contribuye a que el paciente recupere su autoestima y puede ser la diferencia entre una situación de autonomía y el confinamiento. De hecho, con la ayuda de estos programas, transcurrido un año desde el Ictus, un tercio de los pacientes que lo superan vuelve a su trabajo anterior, la mitad no necesita ninguna ayuda para sus actividades cotidianas, el 20% necesita ayuda solo en determinadas situaciones y otro 20% es dependiente en mayor o menor medida.
La mayoría de los pacientes que han sufrido un Ictus necesitan rehabilitación en un determinado número de áreas. La intensidad y duración del programa variará según la gravedad de la discapacidad. Habitualmente, los programas de rehabilitación integran la terapia física y ocupacional y, en aquellos casos que así lo precisen, la rehabilitación del lenguaje. Estos programas de rehabilitación pueden y deben implicar a un buen número de profesionales (médicos rehabilitadores, neurólogos, médicos de cabecera, personal de enfermerías, fisioterapeutas, logopedas, trabajadores sociales, psicólogos, etc.) y, por supuesto, al paciente, familiares y cuidadores. El éxito radicará en un inicio precoz, un diseño adecuado que tenga en cuenta las necesidades del paciente y unas metas realistas, una coordinación eficaz del grupo y el compromiso activo del paciente y de las personas de su entorno.
La adecuación funcional es mayor en el primer mes, se mantiene hasta el tercer mes, es menor entre el tercer y sexto mes y experimenta cambios progresivamente menores entre el sexto y decimosegundo mes. Por regla general, se establece que a partir del 6º mes se produce la estabilización del cuadro, aunque la rehabilitación ha demostrado ser eficaz incluso cuando se realiza doce meses después del inicio del ictus. El lenguaje y el equilibrio pueden seguir mejorando hasta transcurridos dos años.
Cuando el paciente vuelve a casa y se encuentra con todo un entorno y objetos que a pesar de resultarles familiares los encuentran inaccesibles o difíciles de usar por los déficits que le han quedado tras el Ictus, es una de las cosas que crean mayor desmotivación y frustración al paciente. Es por ello que poco a poco aprenda a desenvolverse en su medio de la forma más independiente y autónoma, sin requerir de la ayuda de los demás para realizar las actividades básicas de la vida diaria, como son: asearse, vestirse, comer, deambular…, sin dejar de lado aquellas actividades instrumentales y más avanzadas como llamar por teléfono, realizar la compra o coger el autobús, y que también son muy importantes para la persona. En definitiva, que la persona vuelva a hacer las cosas que hacía antes de sufrir el Ictus con la mayor normalidad posible, según su discapacidad.
El terapeuta ocupacional será quien haga las recomendaciones pertinentes para adaptar el domicilio según las necesidades y quien enseñará al paciente y familiares a realizar las actividades de la vida diaria anteriormente mencionada de la forma correcta para que el enfermo no necesite de otros y así no se sienta mal y aumente su autoestima, sin olvidarnos de la descarga familiar que supone al no tener que estar la familia haciéndole todo al paciente.
Cuando emprendemos los ejercicios para adquirir las funciones de la independencia personal, hay que tener en cuenta el estado general del paciente, poniendo especial cuidado en las patologías asociadas y en las secuelas en sí que presenta tras el Ictus. Así pues, no podremos enseñar de la misma forma a ponerse los zapatos a una persona con trastorno de la percepción solamente, por ejemplo, que a una persona con problemas motores. Por tanto hay que considerar a cada sujeto de forma individual, entrenándole con los ejercicios específicos para cada caso a fin de que adquiera las capacidades necesarias para alcanzar el mayor grado de funcionalidad en su independencia personal. También debemos tener en cuenta sus propias necesidades, que a veces no se exponen de forma espontánea, “no puedo calzarme”, “me gustaría ducharme solo”, “tienen que pelarme la fruta”, “mi letra ya no es la misma”, o “no puedo firmar” son quejas habituales que testimonian la dificultad de los pacientes y que el terapeuta ocupacional debe resolver.
El terapeuta va a instruir en el cuidado del paciente a la familia en el momento de realizar las actividades de la vida diaria, animando al sujeto a colaborar en las distintas tareas; siempre teniendo en cuenta que las personas del entorno del paciente han de seguir la misma línea de actuación para que no se den pautas confusas.