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Rehabilitación y Cuidado Integral de Pacientes con Ictus

El papel de la familia.

El ictus no sólo afecta a la persona que lo sufre. El paciente advierte que su vida ha sufrido un cambio radical, pero también sus familiares y amigos próximos se dan cuenta de que muchas cosas, a menudo importantes, van a cambiar en sus vidas. En los primeros días se vive la situación como la premonición de una pesada carga. Se tienen que asumir nuevas responsabilidades; en ocasiones junto a las dificultades motoras, se producen alteraciones del carácter y la convivencia se hace difícil. Todo ello contribuye a acrecentar el estrés ambiental que ya de por sí genera la propia enfermedad.

 

Hay que recordar que la recuperación tras el ictus constituye uno de los desafíos físicos y psicológicos más importantes y prolongados a los que puede someterse una persona; es del todo imposible superarlo sin ayuda y la falta de apoyo familiar constituye una dificultad añadida.

 

Los pacientes con un mayor grado de relación con las personas de su entorno son los que, a priori, mejores resultados deben obtener. No obstante, la tarea del cuidador principal del paciente tras el ictus, especialmente si este ha sido grave, suele ser dura, por su exigencia diaria y por su extensión en el tiempo. Un reciente estudio español ha puesto de manifiesto que, en su mayoría, los cuidadores principales de los pacientes que han sufrido un ictus asumían de buen grado su nueva situación personal, pero después de los primeros 6 meses se sentían fatigados y percibían que su propia salud había empeorado. Estas observaciones hacen recomendar el reparto proporcional de las responsabilidades y tareas implícitas en el cuidado de estas personas entre sus familiares y amigos, siempre que ello sea factible. Esta estrategia contribuirá de forma importante a prevenir el desánimo, la fatiga y la desesperanza, que, inevitablemente, se transmitirían al paciente.

 

Algunas de las adaptaciones en el domicilio y formas de trabajar las actividades de la vida diaria, de forma muy general, ya que esto se hará de forma individualizada teniendo en cuenta las particularidades y secuelas de cada persona, son: (teniendo en cuenta el tipo de discapacidad del sujeto y la vivienda).

 

En el cuarto de baño.

  • Se podrán instalar dos barras de seguridad alrededor del w.c, que deben ser fijadas directamente en el interior de la pared y reforzadas. Será conveniente que aunque una pueda ir fija, la otra sea móvil para poder permitir el acceso de la silla de ruedas. Ambas barras irán colocadas a una altura de 20-25 cm por encima de la taza del inodoro.
  • La taza del inodoro debe ir separada de la pared posterior unos centímetros para permitir la trasferencia desde la silla de ruedas al wc. Además lo ideal es que la tapa del retrete quede a unos 45 cm del suelo, para que se encuentre a la misma altura que la silla de ruedas. Para ello colocaremos una tapa elevada que se sitúa sobre la taza normal.
  • Cuando no es posible realizar estas modificaciones o la silla de ruedas no cabe en el cuarto de baño, también se suele usar una silla de ruedas o silla fija que lleva acoplada una taza, la cual actúa de inodoro.
  • El lavabo se deberá situar a una altura entre 72-100 cm para proporcionar un fácil acceso de la silla de ruedas y no debe tener soporte de pie pues entorpece el acceso de la misma.
  • Los grifos serán monomando y estarán al alcance del paciente.
  • Los dispensadores de jabón también deberán encontrarse al alcance del paciente y no se colocará pastilla de jabón, sino que será mejor dosificador.
  • El espejo que sea amplio y mejor si va fijado a la pared, para evitar que se golpeen con algún relieve de éste en caso de caída del paciente.
  • Que el cuarto de baño goce, en general, de una buena luminosidad para que el paciente pueda apreciar bien todos los obstáculos que puedan surgir.
  • Los interruptores y enchufes deberán ir colocados a una altura de 140cm del suelo aproximadamente, para estar al alcance del enfermo.
  • El suelo del baño deberá ser antideslizante y evitar todo tipo de alfombras o similares en el suelo que puedan favorecer las caídas, aunque dentro de la bañera o plato de ducha si es conveniente tener algún material antideslizante que impida que se resbale el paciente, y al salir de la ducha algún similar.
  • Un ejemplo en la tarea del aseo personal que el Terapeuta Ocupacional trabajará con el paciente es: el paciente sentado frente a un lavabo, preferiblemente sobre un taburete o en una silla en la que se pueda mantener erguido. Cuando haya llenado el lavabo y verificado la temperatura del agua, introducirá el miembro superior hemipléjico, favoreciendo así una postura erguida simétrica y que sea mucho más fácil lavar la axila y extremidad superior. Es importante que la mano afectada se mantenga próxima a la sana, ya que en las actividades de la vida diaria una mano está siempre cerca de la otra. Por ello es preferible que la mano sana desplace a la afectada antes de realizar un movimiento con actividad refleja.
  • Colocando una pequeña lámina de madera pegada con ventosas al lavabo, sobre la cual iría añadida un cepillo para limpiarse las uñas o la dentadura postiza, si la tiene el sujeto, etc. se facilitarán multitud de actividades.
  • Algunos pacientes preferirán o simplemente encontrarán más sencillo darse una ducha. En este caso se proporcionará un asiento para que el paciente se siente cuando se esté lavando. Si se mantiene de pie puede ser suficiente la colocación de una barra vertical en la pared que le permita la sujeción.

 

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Asociación de Familiares y Enfermos de Ictus de Granada